jueves, 27 de abril de 2017

LA BANALIDAD DEL MAL Y LAS PRIMARIAS DEL PSOE

Acaso el más sobrehumano esfuerzo intelectual y moral realizado para comprender la naturaleza del mal haya sido el de Hannah Arendt, judía alemana que terminó en EE.UU huyendo de la persecución nazi. Como corresponsal del New Yorker, asistió al juicio contra el criminal de guerra Adolf Eichmann, circunstancia que le permitió escribir su polémico libro Eichmann en Jerusalén. Informe sobre la banalidad del mal, texto en que apunta su doctrina sobre la banalidad del mal.
La filósofa alemana se planteó, verificada la inimaginable perversidad desplegada por los nazis contra los judíos y la humanidad en general, la cuestión de la insondable capacidad del hombre para el mal. Para llevar a hombres, mujeres, ancianos y niños a la boca de los hornos de gas, por ejemplo, ¿no hacía falta ser intrínsecamente maligno? Quien tomaba la decisión, quien hacía el listado, quien empujaba la fila, quien abría el portón del horno... ¿no era depositario de un gen asesino? Unos y otros, los que por activa o pasiva participaron en la gran masacre, ¿no habían sido tocados por el mal de una genética torcida diabólicamente? Hannah Arendt sostiene que no, que los protagonistas eran personas comunes, normales... Eran mediocres incapaces de desobedecer las órdenes superiores. Colocados por la historia en una situación colectiva regida por la ausencia de juicio moral individual, de capacidad de pensamiento autónomo y de empatía hacia los otros, lo demás, lo que ocurrió, el mal absoluto y radical, se produjo de forma automática, trivial, anodina, banal.
El mal presenta múltiples rostros y diversas graduaciones de intensidad. Aquí, en España, hoy se nos ofrece profusamente tras la careta multifacética de la corrupción. Corrupción es el vocablo que alcanza la frecuencia más alta de utilización pública en este mes de abril de 2017, superando peligrosamente todos los umbrales de soportabilidad social. Resulta innecesario el diagnóstico de un sociopatólogo. Evidentemente, la sociedad española está enferma. Están rotos los vínculos de la buena fe, la confianza, las promesas y los pactos, la solidaridad, la legitimidad de la política y las instituciones en general. Vivimos en una sociedad descompuesta, descohesionada, atomizada y anómica. ¿Cómo hemos llegado hasta aquí? Bajo la égida del Partido Popular, y en plena hegemonía en Occidente de la ideología neoliberal, los valores rectores de la vida social han sido el hedonismo, el consumismo y la cerrazón individualista, a cuyo servicio ha operado un sistema conductual basado en la codicia, la rapiña y la cleptomanía...
El mal de la corrupción ha descendido como lluvia tóxica penetrando y contaminando capas extensas y profundas de la sociedad, desde las élites políticas,  las económico-financieras y burocráticas hasta los humildes pensionistas que han seguido votando a un partido podrido por la corrupción por pensar que con él tenían asegurada la pensión. Actores principales y protagonistas, conniventes, cómplices, beneficiarios directos o indirectos, votantes populares, abstinentes, todos han sido tocados por el mal de la corrupción.
Y ahora oímos a tertulianos y demás moralistas desde las tribunas, cuyos amos sostuvieron y sostienen al máximo responsable del PP corrupto, que hay que dar urgentes explicaciones, que deben asumirse responsabilidades políticas, que el hedor de la corrupción es insoportable... Impostura e hipocresía ridículas que surgen del mismo seno del entramado mafioso al que el PP nos ha conducido. Ah!, pero la justicia funciona, dicen los voceros populares, con Rajoy a la cabeza, ese «testigo imposible» (J. Antonio Zarzalejos) que, obligado a decir la verdad, si la dice, no solo debe reconocer la existencia de cajas A, B, C, más sus versiones autonómicas, sino la recepción de sobres de dinero ilegal e irse a casa, no sé si pasando antes por Soto del Real o después, según haya sido cómplice o simplemente ignorante.
De acuerdo a la doctrina de la banalidad del mal, es obvio que los partidos políticos que por acción u omisión (abstención) hicieron Presidente al señor Rajoy asumieron una responsabilidad que, en el caso del PSOE, ha devenido intolerable para un militante socialista. Las razones de Estado, el España por delante del Partido, la Ética de la Responsabilidad por delante de la Ética de las Convicciones y los Principios, a la vista de la podredumbre que nos envenena, a los militantes socialistas desinteresados nos evocan aquellas palabras de El mundo feliz, de Aldous Huxley, que figuraban como divisa en el Centro de Incubación y Acondicionamiento: «Comunidad, Identidad, Estabilidad». Estabilidad: ¿cómo se puede invocar la estabilidad para un Estado mafioso?
En las Primarias del PSOE se enfrentan, por una parte, quienes hicieron Presidente a Rajoy (Susana Díaz y Patxi López) y, por otra, quien mantuvo el NO es No hasta el final. «El PP no es un partido, es una banda», «que se disuelvan y entregan la pasta», rezaban dos pancartas de una reciente cacerolada ante la sede popular de Génova.

¿A quién, sino a Pedro Sánchez, el único candidato que no sucumbió a la banalidad del mal, habrá de votar el buen militante socialista? 

viernes, 7 de abril de 2017

DELENDA EST MILITANCIA

   Que los medios de comunicación social no están con Pedro Sánchez es un hecho tan evidente como que la propiedad de los mismos reside en poderes económicos y financieros que no son de izquierdas precisamente. Digo esto de las empresas mediáticas y no de los periodistas, sometidos como la mayoría de los asalariados a condiciones laborales de explotación rayanas a veces con el cuasi esclavismo. El periódico del ínclito señorito J.L. Cebrián ─administrador bien remunerado de intereses no siempre coincidentes con el general de la sociedad española─ publicó una columna titulada «MILITANCIA», cuyo subtítulo rezaba así: «¿PODEMOS DEJAR LA DEMOCRACIA EN MANOS DE LA MILITANCIA SOCIALISTA?» 

   Este interrogante, provocadoramente malévolo, muestra su verdadero carácter mercenario, sectario e insultante desde el instante en que el lector se adentra en el argumentario del columnista, E. Gil Calvo, catedrático de Sociología por más señas. Comienza este buen señor dando por extinguida la existencia de la militancia en los partidos políticos, reduciéndola a un ‘nuevo marco mental’ (Lakoff) y a un ‘significante vacío’ (Laclau). Tengo la impresión de que el catedrático no ha leído a Lakoff y de que, en cuanto a Laclau, mejor que se lo explique I. Errejón. 

   El paso siguiente es un ataque desaforado a Pedro Sánchez, al que compara con César y Luis Bonaparte, autor del golpe de estado el 18 Brumario de 1851. Va más lejos: lanza la sospecha sobre el crowdfunding, que a saber si no contará con el apoyo de la Tuerca podemita y de Russia Today... Y lo que más le fastidia: que gentes antaño guerristas preparen papeles, cifras y argumentos a favor de la apuesta bonapartista de Sánchez. Así que, concluye el catedrático, o el PSOE se parte en dos (por culpa, naturalmente, de Sánchez) o el régimen de la Transición entra en una crisis existencial.

   Esta ruleta rusa que pende sobre nuestras cabezas trae su causa en los populistas y demagogos invocantes de la MILITANCIA, quienes, ignorantes ellos, no saben que los militantes están más obsoletos que los empleados de banca debido a la generalización de los cajeros automáticos y las redes digitales. Acabáramos. No nos hemos enterado que lo que rige hoy en el sistema de partidos es el tipo de partido ‘cartelizado’ y así se explica que la militancia se encierre en su paranoia antisistema, lugar donde estaría Sánchez y sus seguidores, los contrarios a Susana Díaz, vaya. 
   
   Un partido cartelizado es aquel que, convertido en una prolongación del Estado, ha perdido el contacto con las bases militantes que le servían de anclaje en la sociedad y que, formado por dirigentes y cuadros profesionalizados, se limita aspirar cada cuatro años a gobernar. Este tipo de partidos, sedicentes de derecha o de izquierda, se encuentran en los Parlamentos coincidiendo en su naturaleza profesional y técnica, perspectiva desde la que se enfocan los problemas. Entonces la política se tecnocratiza y se ‘despolitiza’ y los militantes sobran. La socialdemocracia no ha sido capaz de impedir este fenómeno y lo ha pagado con creces. De ahí que hoy el recurso a la militancia sea algo que trasciende al fenómeno Pedro Sánchez y que se haya convertido en una necesidad para todos los partidos socialdemócratas en trance de reconstrucción de cara a reconquistar el espacio de izquierdas abandonado en los últimos tiempos. 

   El principio de representación, enfrentado al asamblearismo populista, podemita y antisistema, es otra de las defensas firmes en que se bate nuestro columnista, en línea con el oficialismo de Susana Díaz y la derecha bienpensante. Y no es que los contrarios a la líder andaluza nos hayamos vuelto a la vejez asambleístas libertarios. Lo que ocurre es que una hipertrofia del principio representativo, que prescinde de los representados hasta hacerles gritar NO NOS REPRESENTAN, conduce, como la realidad demuestra, a gobiernos objetivamente contrarios a los intereses de las gentes más necesitadas, a su marginación y a su desafección política. El principio de representación y el principio federativo o de participación a todos los niveles son polos dialécticos en busca de un equilibrio. Deudores de la Revolución Francesa, olvidamos a menudo los valores de la Revolución Americana, fundamentada en el poder entendido como el generado allí donde los vínculos y las promesas, la reunión y el pacto se dan entre los hombres. Los Padres Fundadores lo sabían muy bien, en especial Jefferson con su insistencia en establecer Consejos de Distrito por debajo de los Consejos de Condado...

   En fin, el señor Gil Calvo con su columna ha dejado muy bajo el rango de catedrático, pero ha complacido a su señorito, insultando a Pedro Sánchez y a nuestra inteligencia. Afirmar que la militancia no existe o está obsoleta y a renglón seguido echar sobre sus espaldas la responsabilidad del futuro de la democracia en España no resulta muy congruente. Parece ser que la militancia del PSOE es un muerto que está dando muchos dolores de cabeza al establishment...

jueves, 6 de abril de 2017

¿DE QUIÉN ES EL PSOE?

La respuesta correcta a la pregunta que titula este artículo es: el PSOE es de sus militantes y, en última instancia, de la sociedad española que se sirve de este instrumento para expresar su pluralismo, para formar y manifestar su voluntad y para participar en la vida política, tal como establece el artículo 6 de la CE.
El PSOE es un patrimonio de naturaleza política constituido por elementos materiales, personales, formal-jurídicos, ideológicos, culturales e históricos. Es una ‘marca’ y un ‘producto’ que viene saliendo al mercado electoral, con mejor o peor fortuna, desde hace más de cien años. Hasta 1907 el partido socialista de Pablo Iglesias no logró entrar en las Cortes con 1 diputado (él mismo), que aumentó a 6 en 1918 y a 7 en 1923; para llegar a los 115 hubo que esperar a 1931, ya con Julián Besteiro de Secretario General; con Largo Caballero, en 1933, descendió a 59 diputados. Tras el cierre del mercado democrático durante 40 años, los resultados a partir de 1977 nos son más conocidos: Felipe González en 1982 logró la cifra de 202 escaños, que dejó en 141 al perder las elecciones frente al PP en 1996; Almunia hubo de conformarse con 125 en las elecciones del año 2000 y, después del espejismo de Zapatero (164 y 169 diputados en 2004 y 2008 respectivamente), Pérez Rubalcaba en noviembre de 2011 perdió más de 15 puntos porcentuales y se quedó con 110 escaños. Fue el hundimiento. Pedro Sánchez, compitiendo ya con Podemos y Ciudadanos ─con los que no se las vio el alquimista Rubalcaba─, bajó a los 90 y 85 en 2015 y 2016... (Siempre será una cuestión contrafáctica suponer qué hubiera pasado con otro líder, si el resultado habría mejorado o el célebre sorpasso se habría producido...) Lo cierto es que Pedro Sánchez no ha obtenido los peores resultados de la historia del PSOE, por más que el oficialismo de Susana Díaz se empeñe en descontextualizar los hechos, una manera grosera de falsearlos.
Hablando de falsedades, volvamos a los títulos de propiedad del PSOE. Los ‘históricos’ y todos los cargos institucionales y del aparato, sin ‘acta de notoriedad’ que lo refrende, se han declarado propietarios de todo el patrimonio del partido, por la mera negación de la existencia de otro pretendiente legítimo. Sánchez es un advenedizo, un extraño, alguien sin historia, salvo la del perdedor nato. Es más: los susanistas no es que se muestren como ‘detentadores’ del patrimonio PSOE, es que se definen como PSOE. Su esencia es PSOE 100 por 100. Sin ellos, sin la esencia, no hay partido. Por eso, García-Page y Javier Lambán han amenazado, haciéndose eco de otros barones ahora más discretos, con pensarse su futuro si gana Sánchez las Primarias... Una sugerencia, por si les sirve: Lambán puede regresar con sus alumnos de Secundaria y explicarles la teogonía de ‘los dioses del socialismo’ que alumbraron a la incomparable Susana Díaz, y al castellano-manchego, que desde los 19 años está en la nómina del partido, no le ha de faltar el divino manto protector de Bono.
La conclusión es que, si gana Sánchez, se queda sin partido, pues el PSOE ‘son los otros’. Así que, el rencoroso y vengativo ex Secretario General (¿por qué se presenta a las Primarias, si no es para dar rienda suelta a su resentimiento y a su espíritu vindicativo y venenoso?) de ninguna manera puede ganar, pues, aun ganando, no gana nada, mientras que la líder andaluza solo puede vencer, ya que, aun siendo vencida, se queda con el PSOE, que ya es suyo. Ella y sus acompañantes son el PSOE. ¿Pues acaso hay alguien que cante con lenguaje más edulcorado y algodonoso las bondades del partido? ¿Alguien que entone con voz más meliflua el amor, el compañerismo y la fraternidad? Que nadie hable mal de ningún compañero, nos reconviene con la dulzura de una madre abadesa a sus novicias... Cariño, bondad, unidad, ayuda mutua... es lo que necesita el partido, que tanto amamos. Dejemos atrás aquél tan grande sufrimiento del Comité Federal de octubre que por una distracción de los dioses del socialismo nos arrasó. ¡Cuánto sufrimos!

Sin embargo, este discurso del susanismo adolece de un vicio de origen, el que deviene del verbo detentar (he utilizado antes el vocablo detentadores). Detentar significa usurpar, apropiarse de algo indebidamente. La patrimonialización del PSOE por parte de Susana Díaz y sus seguidores moralmente resulta repulsiva. Intelectualmente, grosera. Menos mal que al final votaremos los militantes al corriente de pago. Confiamos estar en el censo. De una Gestora tan neutral no se puede esperar otra cosa.

lunes, 27 de marzo de 2017

EL ‘ARTE DE LA GUERRA’ EN EL PSOE

Asustar al enemigo, intimidarlo y desanimarlo es el primer movimiento bélico que ha de realizar un general experto. Esta es la prescripción básica de Sun Tsu en El Arte de la Guerra, libro del siglo V antes de Cristo del que ha bebido la polemología de todos los tiempos, desde Maquiavelo a Mao Tse Tung, pasando por Napoleón. Sun Tsu dejó escrito: «El supremo arte de la guerra es someter al enemigo sin luchar». Si no éste, ¿qué otro sentido tiene la gran parada militar del domingo (26-3-2017) montada en terreno mesetario por la Generala Susana Díaz? De eso se trata. De acoquinar, acobardar y desmoralizar al adversario para que desista en su oposición y nos otorgue la victoria sin tener que guerrear.
Allí donde el macizo de la raza tiene su asiento se concentraron huestes de todos los rincones de la nación con sus jefes al frente: de Cantabria, cuna de españolismo; de Galicia, liderada por ‘el alcalde de alcaldes’; de Valencia, dispuesta a seguir rindiendo nuevas glorias a España; de Aragón, cuyo barón ya había mostrado sus dotes de vate en honor de la Generala; del mismo Madrid, con Tomás Gómez a la cabeza, ya purgado de rencores; en fin, de todas las tierras de España, incluso de la insurrecta Cataluña donde resiste algún enclave testimonial... Imponente espectáculo.
Nada de tropel. La muchedumbre, perfectamente organizada: los reyes y virreyes eméritos flanqueando a la comandante en jefe, los barones en ejercicio y los jubilados, los nobles, los caballeros pesados y los ligeros, la infantería... cada cual en su sitio, al modo de la disposición de los ejércitos romanos de la triple línea (triplex acies), asteros, príncipes y triarios o veteranos. Tropa variopinta de edades dispersas, con los más viejos partidarios de la estrategia de ‘el martillo’ y ‘el yunque’ del gran Alejandro Magno, la ostentación del armamento no podía ser más heterogénea: espadas, dagas, sables, catanas, ballestas, alabardas, armas de fuego, biológicas y químicas y hasta un vetusto trabuquete por si había que llegar a la fase de oppido expugnando, sitiar la ciudad del joven rebelde.
Pasó revista la Generala in pectore al temible ejercito rendido a sus pies. De nadie se olvidó. A cada virrey, barón o jefe le dijo su gracia garbosa, para todo territorio tuvo su palabra de devoción y reconocimiento. Todos unidos para salvar a España, al PSOE y a la ciudadanía. Pelillos a la mar. Felipe y Guerra, Rubalcaba y Carme Chacón y tantos otros rencores entrecruzados fundidos en un abrazo transterrenal. Hay fervor y fragor, como si la batalla hubiese ya comenzado. Como explicó Sun Tsu, «las palabras no son escuchadas, por eso se hacen los símbolos y los tambores..., símbolos, tambores banderas y estandartes se utilizan para concentrar y unificar los oídos y los ojos de los soldados. Una vez que están unificados, el valiente no puede actuar solo, ni el tímido puede retirarse solo: esta es la regla general del empleo de un grupo». En ausencia de la palabra, es el ruido el que guía la acción y el dueño del tambor adquiere un poder descontrolado.
¿No será ‘la razón’ la que con el poderío de ‘la verdad’ ha conseguido que todos los representantes del poder institucional del pasado y del presente hayan superado viejas enemistades y odios bizantinos y confluido alrededor de Susana Díaz? ¿Es que Pedro Sánchez es un ser rencoroso y vengativo al que después de las 17 puñaladas hay que matar civilmente? ¿Por qué se opone a que el PSOE del pasado, el de las armas herrumbrosas, salve a España? ¿Por qué no se le da una beca y se va a perfeccionar el inglés? ¿Sabe inglés Susana Díaz? Es española y mucho española.
Lo cierto es que se trata de salvar el legado. Felipe González y Alfonso Guerra llevan años reconstruyendo el relato de lo que hicieron (el relato siempre lo escribe la derecha). De ahí para abajo, barones y demás cargos orgánicos e institucionales están dispuestos a matar por conservar la heredad que, aunque disminuida, siempre dará para la subsistencia. El gran drama es que, unos y otros, no tienen para el futuro más lenguaje que el construido con frases de madera cuando no de mentira y juego sucio. ¿Alguien piensa que la Gestora es neutral? ¿Alguien creyó a F.G. al pronunciar aquella cínica paradoja de que no apoyaba a Susana Díaz para no perjudicarla?
     Entretanto, a Pedro Sánchez no le queda más que «aparentar inferioridad y estimular la arrogancia del enemigo» (Sun Tsu) y confiar en la convicción de Napoleón. «Las tres cuartas partes de la fuerza de un ejército residen en la moral», dijo. La moral está con él.

jueves, 16 de marzo de 2017

El PSOE, ENTRE LA CEGUERA Y LA LUCIDEZ

Escucho en la tarde del 13 de marzo al compañero Rafael Simancas en la sede del Partido. Habla sobre la socialdemocracia, de sus bondades y sus problemas, en el marco del Ciclo de Conferencias que sobre el tema ‘Retos del socialismo’ ha organizado la Ejecutiva Provincial, casualmente coincidente con los preparativos de la gran batalla que se va librar entre susanistas, patxistas y pedristas. Rafael Simancas, a sus 50 años, lo ha sido todo en el Partido, hasta tal punto que la lectura de su currículum por el presentador tuvo que ser modestamente interrumpida por el interesado... para no comerse parte importante del tiempo disponible...
En la anterior conferencia del profesor Ignacio Urquizo, Diputado por Teruel, de la que di buena cuenta crítica (véase mi blog karlosrussell.blogspot.com) en un comentario que titulé ‘Todo va bien en el PSOE y en España... y todo irá a mejor’, ya entré en la sospecha de que o yo no veía con claridad o el orador residía en otro país, próximo al país de las maravillas. Hasta cierto punto, no dejó de sorprenderme el parecido, casi la identidad, de la música y la letra de los dos disertadores, a pesar de la diferencia de edad (38 y 50 años) y de trayectoria, el uno joven profesor, titular de Sociología de la Complutense, asesor de la Gestora, y el otro, en su juventud, guerrista, y en los contemporáneos tiempos, unido a Pedro Sánchez en el ‘NO es No’ primero e integrado en el equipo de Patxi López después.
Cuando todos callan y tú ves que el rey está desnudo, lo prudente es dudar y pensar que el desnudo o loco eres tú. Lo que yo percibía en los discursos de los compañeros era que ambos dos estaban ciegos y la misma ceguera pesaba como una losa sobre la escuálida audiencia de la sala. Divagaban los oradores sobre la superioridad moral y política de la socialdemocracia, de sus principios y valores, del bienestar aportado a los europeos en los últimos setenta años... ¿Qué proyecto puede competir con el nuestro? ¿Conocéis alguno? —se engallaba Simancas─. ¿Y el populismo? Cosa de emociones... ¿Y el conflicto territorial? Culpa del nacionalismo, cuestión también de las emociones... El Partido tiene que mantenerse coherente, tiene que hacer lo que tiene que hacer, nada de irse a la derecha y mucho menos dejarnos arrastrar por las modas y las ventoleras pasajeras podemitas. «El PSOE tiene que ser más PSOE», queremos «un Psoe ganador» (entrecomillo para no hurtar los derechos de autoría a Susana Díaz, la Gran Esperanza, la Gran Guía, con permiso del filósofo del lenguaje L. Wuittgenstein, que volvería a la tumba si escuchase este tipo de retórica vacua). Cuando los interpelas y les dices que para hacer lo que tiene que hacer el Partido, previamente, debe ser votado y que los jóvenes de 18-24 años no nos votan, y tampoco los de 24-34, etc., contestan que llueve en Pontevedra.
Pero yo no estoy ciego. Lo sé porque recientemente me he revisado la vista y para mi edad la tengo bastante buena. Tampoco se me puede aplicar aquella ley de la sociología critica del conocimiento, según la cual nuestro pensar, las opiniones, la ideología al fin están determinados por nuestra posición social, léase sistema de intereses. Ya recibí del Partido más de lo que seguramente merecí y contribuí a él con lo que pude en tiempos en que por los cargos no había disputa. Soy libre y puedo practicar la difícil sinceridad intelectual. Y lo que observo es la ceguera que como una desoladora plaga ha invadido el tejido nervioso del Partido.
«Por qué nos hemos quedado ciegos, No lo sé, quizá un día lleguemos a saber la razón, Quieres que te diga lo que estoy pensando, Dime, Creo que no nos quedamos ciegos, creo que estamos ciegos, Ciegos que ven, Ciegos que, viendo, no ven». Estas son palabras del último párrafo de la novela de Saramago, Ensayo sobre la ceguera, tenebrosa parábola de los tiempos oscuros que vivimos. En la novela del Premio Nobel portugués hay un personaje, ‘la mujer del médico’ (no tienen nombre los personajes) que se hace pasar por ciega para poder entrar en el internado de los enfermos, acompañar a su marido y ayudar a los que se mueven en las sombras debatiéndose por sobrevivir al precio que sea. Me llegan los ecos de las palabras, observo sus conductas, los cambios de caballo en medio de la carrera de esos que llaman los cuadros del partido, el grito de guerra convocando a alcaldes, diputados, senadores, concejales, asesores... ¡todos contra Sánchez! Los ciegos de Saramago al menos tuvieron la ayuda de ‘la mujer del médico’, la falsa ciega, pero ¿de dónde provendrá la ayuda para los ciegos del PSOE? ¿De la militancia acaso? ¿La dejarán acceder al internado? ¿O la diezmarán en el censo?
A los personajes ciegos de su novela Saramago les dio una segunda vida en otra realidad ficcional, Ensayo sobre la lucidez. Un día lluvioso los electores de una ciudad decidieron votar en blanco. Y en unas segundas elecciones volvieron a hacer lo mismo. Voto en blanco, ceguera blanca. Era un acto de rebelión, una revolución, un hecho subversivo seguramente promovido por el anarquismo internacional, que los gobernantes se apresuraron a investigar.
¿No habrá alguna ‘luz’ en el PSOE oficial, alguna ‘lucidez’ que explique y asuma porqué los votantes nos han abandonado (se han hecho ‘votos en blanco’)? Oigo el silencio clamoroso de Felipe González, el impostado apoyo de Zapatero, el chisporroteo de los velones que las baronías mueven con servilidad de edecanes, el parloteo de Bono sobre obispos, duquesas y amadas patrias, el zascandileo de Rubalcaba y sus rubalcabos desde El País, los brumosos ronquidos de los Leguina y cía en las emisoras derechistas, el vocerío de la derecha más rancia..., toda una música orquestada a favor de Susana Díaz. Todo eso oigo consternado y me encomiendo a lo que representa Pedro Sánchez por si es capaz de romper, soltar amarras y emprender un nuevo camino para un nuevo PSOE.

sábado, 4 de marzo de 2017

TODO VA BIEN EN EL PSOE Y EN ESPAÑA... E IRÁ A MEJOR

En la sede del PSOE de Castellón se viene celebrando un ciclo de conferencias sobre Los Retos del Socialismo. En la sesión del 2 de marzo el conferenciante fue el Diputado por Teruel, Ignacio Urquizu, que a su vez es Profesor Titular de Sociología en la Complutense. A un acto ‘académico’ de esta índole, en plena batalla por el liderazgo del Partido para los próximos años, uno no acude con la esperanza de recibir alguna luz intelectual en medio de las tinieblas que nos angustian a los socialistas, sino más bien, malévolamente, a interpretar y deducir, por el juego de ausencias, presencias e introductores del orador, no tanto con quién está el invitado ─notorio es que el profesor Urquizu yace del lado de la Gestora─ como la naturaleza del mensaje que los detentadores hoy del poder en el Partido quieren enviar a las bases reluctantes.
Albergaba yo cierta curiosidad por conocer la vinculación con Castellón del Diputado de Teruel. Sus primeras palabras me sacaron de dudas: había una conexión Alcañiz (de donde es natural Urquizu) – Morella – Artemi Rallo ─ Ximo Puig. Blanco y en botella. A partir de aquí, la exposición del Diputado no defraudó mis expectativas: riguroso oficialismo. No diré lo mismo del discurso del profesor, del que, sinceramente, en atención a lecturas previas de artículos suyos y a su rango académico, esperaba que no fuese tan manifiestamente mejorable. Afirmar que la robotización del mundo, la inteligencia artificial y demás revoluciones científico-técnicas conexas irán creando unas condiciones objetivas conducentes a que todo cambie para mejor es una música que ya nos sonaba de El mundo feliz, de Huxley. Y pasar de ahí a que, si el PSOE hace lo que tiene que hacer ─que es lo que hacen la Gestora y el Grupo Parlamentario Socialista, tan sensato, tan riguroso, siempre ganando la iniciativa a Podemos…─, lo demás se nos dará por añadidura y todo irá a mejor, es un ejercicio argumentativo en que la inconsciencia, la superficialidad o la insensatez pugnan entre sí. Sí, compañeros, no estamos tan mal, estamos incluso bien... y todo irá a mejor. Y el orador se declara optimista, no antropológico como Zapatero, pero sí, optimista sin ambages, como tiene que ser un socialista.
Quizá mi fiasco tome causa en el tema mismo del Ciclo de Conferencias, ‘Retos del Socialismo’, cuando el problema acuciante es el ser o no ser del Partido Socialista. Porque podemos lucubrar hasta la saciedad sobre la historia, el presente y el futuro del socialismo como constructo doctrinal ideológico-político, lo que hace años que venimos haciendo, pero si el partido socialista, entre los votantes del tramo 18-24 años es una fuerza residual y algo parecido ocurre entre los más altos niveles académicos, los habitantes de las grandes urbes y las zonas periféricas de España, si el partido socialista se hace irrelevante o desaparece..., ¿adónde irán a parar los seiscientos folios de reflexiones de más de doscientos ‘intelectuales orgánicos’, comprometidos por y con la Gestora de Susana Díaz?
En términos gramscianos, el PSOE está en una crisis radical en que lo viejo se resiste a morir y a lo nuevo no se le permite nacer. De las crisis se sale fortalecido o con los pies por delante, muerto. En nuestro caso, y constatado el rechazo o el desapego que las nuevas generaciones y sectores sociales antes señalados vienen mostrando hacia el viejo PSOE desde antes de la Gran Recesión, por cierto, no se puede ser optimista sobre el desenlace final, si vida o muerte. El señor Urquizu, en perfecta alineación con la Gestora y las fuerzas que la sustentan, se declara optimista, pues no en balde el socialista es un Partido que ha superado a lo largo de su historia crisis más graves renaciendo con redoblado vigor y expansiva pujanza y, además, prosigue el argumento de Urquizu, forma parte del minoritario grupo de partidos centenarios de Europa, si bien no cabe ocultar en honor a la verdad que el profesor, por imperativo de la mínima sinceridad intelectual exigible, reconoce, llevando la lógica del discurso hasta su final, que la mayoría de las formaciones políticas han nacido, crecido, desarrollado, declinado y extinguido, al igual que las civilizaciones, las culturas y los imperios...
El dilema de vida o muerte puede parecer dramático, cargado de emociones, que  Urquizu recomienda atemperar, en sintonía con la terapia oficial de la Gestora. Sin embargo, para algunos las emociones no son impostadas o neuróticas; son la expresión afectiva de los datos de la realidad tal como los percibimos. Y esta realidad nos dice que si lo nuevo no se impone sobre lo caduco, el futuro del Partido Socialista será el de las colas de lagartija, que por unos instantes se mueven como si no estuviesen descabezadas, tal como ocurre en las organizaciones burocráticas, que por la inercia aparentan vida donde la muerte es dueña ya.
Los que defendemos la opción rupturista no ignoramos su dificultad y sus riesgos. Conocemos la ley de hierro de la oligarquía enunciada al inicio del siglo XX por el sociólogo alemán Robert Michels. 
Mi convicción, antes de escuchar al profesor Urquizu, era que el PSOE para seguir siendo debía ‘ser otro’, que ese otro habría de configurarse adaptado a un futuro que en palabras de J. Fontana «es un país extraño». El triunfo de lo que representa Susana Díaz me parecía que nos condenaba a la vida de la cola de la lagartija.
Escuchar a mi paisano, el Diputado por Teruel, no ha hecho más que reafirmar mis opiniones y acrecentar mis temores y mi decepción. El optimismo habrá que buscarlo en otras fuentes. El fundamental reto del socialismo es averiguar por qué las nuevas generaciones le dan la espalda. La respuesta no es que debe adaptarse a un tiempo deslumbrante e ignoto generado por la milagrería de las nuevas tecnologías en incesante autoaceleración exponencial. La respuesta no es adaptarse al mundo fantástico que se nos viene encima, renunciando de hecho a contribuir a conformarlo humanísticamente. Pero ésta quizá no sea tarea de sociólogos expertos en demoscopia y comunicación política o de políticos profesionales enchufados a las ubres de la burocracia del Partido..

miércoles, 1 de febrero de 2017

¿POR QUÉ PEDRO SÁNCHEZ?

Recientemente, en una tertulia de militantes socialistas y afines, y en el marco del desasosiego y la incertidumbre de los actuales tiempos por la marcha del mundo en general y del PSOE en particular, un contertulio, que se suele producir con confesada intención provocadora, manifestó que no estaba por Susana Díaz ni por Patxi López y tampoco por Pedro Sánchez, al que no reconocía un perfil de izquierdas auténtico ni la autoría de un documento-proyecto sobre el socialismo del futuro a ofrecer a la sociedad española y a los militantes socialistas.

Dedúcese de las anteriores palabras que la pregunta que intitula este escrito no es nada retórica, sino que hunde sus raíces en una realidad efervescente transida de esa y otras muchas interrogantes. ¿Por qué Pedro Sánchez? ¿Qué razones hay para elegir al ex-Secretario General antes que al socialista vasco o la socialista andaluza?
Pedro Sánchez no tiene la antigüedad, la experiencia de gobierno, los vínculos con la nomenklatura del Partido, el acceso a las páginas de El País donde, apadrinado por Rubalcaba, pueda publicar sus propuestas de laboratorio, así como encarnar la reedición del viejo pacto Betis-Nervión, como es el caso de Patxi López. No tiene detrás la Federación más potente del Partido, con su aparato de protección y ataque en pie de guerra, la presidencia del más grande de los gobiernos autonómicos, con su correspondiente capacidad de contratar a los mejores asesores, circunstancias que concurren en Susana Díaz. Tampoco cuenta con la neutralidad de la Gestora, en manos de quienes inspiraron y dieron el golpe de mano que acabó con su liderazgo; ni con los barones y demás dirigentes de alto o medio nivel apegados a eso que llaman “cultura de partido” por la viscosidad de una nómina. Carece además del amparo y apoyo de los ex Secretarios Generales (Felipe González, R. Zapatero y Pérez Rubalcaba), los tres, desde posiciones diversas, coincidentes en impedir la ruptura del Psoe con lo que ellos hicieron y significaron, actitud que realmente bloquea cualquier posibilidad de supervivencia del Partido que tanto aman.
¿Por qué, pues, Pedro Sánchez? ¿Por qué encuentra entre los militantes agua suficiente como para haberse lanzado a la piscina, según su propia expresión? ¿Por qué un mayoritario número de militantes estamos con lo que significa el líder derribado? Lo diré con una sola palabra: DIGNIDAD. Dignidad es la negación, la resistencia hasta el final a ser humillado. Y es una humillación para un socialista, y para todo ciudadano decente, permitir 'por activa o por pasiva' que el PP siga gobernando con Rajoy al frente. Pedro Sánchez con su ‘NO es NO’ es el significante de esa dignidad.
No soy un ingenuo y conozco el célebre dilema de Max Weber entre la ética de los principios y las convicciones y la ética de las responsabilidades. El 26-IX-2016, el Jefe ‘de Opinión de El País (cómo no), bajo el título de ‘La irresponsabilidad política», razonaba así: «Obrar de acuerdo con nuestras convicciones sin preocuparnos de las consecuencias de nuestras acciones es propio de una lógica religiosa, no política. El principal efecto es que los actores se exoneran a sí mismos de lo que sus decisiones deparen». «Obra bien y deja los resultados en manos de Dios». ¿Que hay unas terceras elecciones? ¿Y a mí qué? Hay que tener en cuenta razones pragmáticas, cálculos y beneficios, costes y oportunidades..., siempre pensando en la gente (la gente...: hay que ver cómo la terminología podemita penetra en la misma masa gris de El País).
En este marco doctrinal del diario de PRISA, el presidente de la Gestora se acogió a la teoría del mal menor, invocada después por los oficialistas y bien recibida por la derecha y todos sus medios, y últimamente enfatizada por Pérez Rubalcaba −asesor de El País, no se olvide− con el desparpajo y la labia que le caracterizan. Pero hay en este tipo de razonamiento algunos apriorismos, varias peticiones de principio y no pocas trampas. Se parte de que con los independentistas no se debe habar. ¿Por qué? Ellos quieren desconectar de España. No querer saber nada con ellos es adelantarles la tarea. ¿Y en cuanto a las consecuencias pragmáticas para la gente? ¿Quién las ha calculado y con qué criterios valorativos? ¿Cuatro medidas concedidas por el PP a modo de oxígeno a la Gestora y al oficialismo de Susana Díaz realmente compensan a los ciudadanos honrados ante la humillación de seguir viendo al señor de los sobres al frente del Gobierno de España?
¿Quieren los de la ética de las responsabilidades o teoría del mal menor hablar de consecuencias? Me ceñiré a una sola: hacer Presidente a Mariano Rajoy ha supuesto para los socialistas validar toda una época de corrupción dejándola en la impunidad. Corruptio optimi péssima. A partir de aquí la sociedad española queda vacunada contra todo intento de regeneración moral. A partir de aquí todo está permitido.

La moralidad pública puede ser un intangible, puede ser refractaria a cálculos de costes y beneficios, pero igual que no hay estética sin ética, sin ésta no hay política. Por eso un partido de izquierdas como el Psoe no puede tener futuro sin un líder que esté en disposición de levantar la bandera de la dignidad. No está en juego el futuro de Pedro Sánchez, lo está la supervivencia del Psoe. Hay coyunturas históricas en que lo pragmático es cortar por lo sano.