lunes, 11 de enero de 2016

LA ‘AUTOCRÍTICA’ DE LA CUP Y LAS PURGAS COMUNISTAS

Como tantos antimadridistas esperan ansiosos los ‘últimos minutos’ del Real Madrid, por su frecuencia en dar la vuelta al resultado del partido en el suspiro final, así estaba yo en la tarde del sábado, día 9 de enero, expectante ante la negociación in extremis de JxSí y la CUP.  Un dribling por el costado de Mas y... ¡gool! casi en el tiempo de descuento. Como experto en antimadridismo, no me sorprendí. Ninguna de las dos partes podía soportar el coste de unas nuevas elecciones.
Y ya estamos de nuevo con el procés en marcha. Fuimos a votar el 20-D y disfrutamos las navideñas fiestas haciendo abstracción del problema catalán, gracias a las buenas tácticas del señor Rajoy... Pero ahora resulta que ha de ser el PSOE quien resuelva el rompecabezas, pues mal lo puede hacer quien contribuyó en gran medida a generarlo y agravarlo. La Razón independentista ha sido prolífica partera de monstruos, como éste que amenaza con comerse al partido de los socialistas.
Aquí, en este escrito, quiero analizar otro monstruo de la Razón independentista, que para mi sorpresa ha pasado desapercibido, que yo conozca, a los comentaristas políticos. Me refiero al texto del Acuerdo entre JxSí y la CUP, que, más allá del engrudo indigesto de su prosa, supone la actualización de La Autocrítica, instituida en los regímenes comunistas. Como es sabido, en tiempos de Lenin, Stalin o Mao, los disidentes, supuestos o reales, eran sometidos a juicio ante las autoridades del Partido y allí debían reconocer errores en la doctrina o en la praxis. Era una especie de ‘prueba diabólica’ al estilo de la Inquisición. El reo venía obligado a demostrar su inocencia ante el Tribunal Popular. Para los cinéfilos, el recuerdo de la película La Confesión (J. Semprúm y Costa Gavras) o de El último emperador (Bernardo Bertolucci) será sobremanera ilustrativo.
El proceso de La Autocrítica tenía tres fases o momentos. Primero: «Reconocimiento del error, desvío o traición al Partido». Segundo: «Asunción de las responsabilidades por las acciones criminales de obra o pensamiento». Tercero: «Cumplimiento del castigo impuesto para restablecer el orden de la organización alterado por el  revisionista o el traidor». Pues bien, en el texto del Acuerdo se dan las tres fases de la institución de La Autocrítica Marxista: En primer lugar, la CUP asume el pecado de «haber puesto en riesgo el empuje y el voto mayoritario de la población y el electorado a favor del proceso hacia la independencia...» Y es «necesario reconocer errores en la beligerancia expresada hacia Junts pel Sí», así se dice en el punto 4. También está escrito: «por todo esto la CUP-CC se compromete a reconstruir, a todos los efectos, la potencia discursiva y movilizadora de la etapa política que se inicia con este acuerdo...» En el punto 5 se dispone: «La CUP-CC pone a disposición del acuerdo el compromiso de reconocer, tanto como sea necesario, el propio grupo parlamentario (...). Los relevos en el grupo parlamentario se producirán inmediatamente tras el pleno  de investidura».
   En resumen, Mas y su gente recetan y hacen tragar a los cuperos un guiso a base de aceite de ricino. En La Autocrítica de la CUP se da el reconocimiento del error-pecado, la asunción de responsabilidades y el apechugamiento con la carga de la pena o penitencia, que  consiste en depurar a los diputados cuperos que fueron más malos y dejar en depósito como rehenes permanentes o rotatorios a otros dos, por una parte,  y, por otra, obligarse a trabajar desde ahora a destajo para recuperar el tiempo perdido, al estilo del último emperador bertolucciano, Pu-yi, que renegó de su pasado y se convirtió en jardinero siguiendo el método maoísta  de reeducación por el trabajo. Una auténtica purga endosada por un partido de derecha liberal a otro anticapitalista de raíces comunisto-libertarias. Todo esto es mostrenco.
Lo monstruoso es lo que se produce contra el orden regular de la naturaleza. De ahí nace la curiosidad de los niños. Los niños escuchan con expectación atemorizada los cuentos de bosques oscuros y maravillosos poblados de seres extraños en que el intruso corre gravísimos peligros. Al final, los cuentos infantiles no son más que representaciones lúdicas que divierten sin hacer mal a nadie.

El bosque en que nos adentramos ahora en España, infectado de monstruos paridos por La Razón independentista, sin embargo, no es un juego y dentro de él se producirán daños irreversibles para los unos y los otros.

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