domingo, 4 de agosto de 2013

LA POLÉMICA SOBRE LOS ITENERARIOS ACADÉMICOS TEMPRANOS


Una de las cuestiones más candentes y persistentes en el enfrentamiento de la derecha y la izquierda políticas en España en materia de educación es “el momento” en que los alumnos pueden (o deben) ser seleccionados y clasificados para seguir itinerarios académicos distintos. La LOMCE no escapa a la controversia. La descalificación a esta nueva ley educativa propuesta por el Partido Popular por segregadora, clasista y discriminadora no se ha hecho esperar a la vista de las vías o desvíos que propone para los escolares desde el mismo instante en que ponen los pies en los Institutos de Educación Secundaria, cumplidos los 12 años. Lo que se discute es el tiempo mínimo que debe durar una educación básica e igual para todos. La LOGSE  fijó el límite en los 16 años (de 6 a 16; y de 3 a 6 con carácter de voluntariedad), si bien en el último tramo introducía, ante la realidad de un fracaso escolar insoportable, los Programas de Cualificación Profesional Inicial y los Programas de Diversificación Curricular.
En una consideración superficial cabría pensar que no es para tanto alboroto la separación del alumnado a los 13 o 15 años; más bien, que cada alumno se agrupe homogéneamente con sus iguales tiene toda la apariencia de ser lo justo y razonable. Así lo cree el Partido Popular y de tal guisa lo razona: “todos los alumnos tienen talento”, pero talentos desiguales y diversos. Es evidente  que un número importante de escolares al iniciar la ESO y en sus primeros tramos se muestran incapaces de seguir el ritmo de la clase y de  “aprovechar” en el itinerario ordinario y que faltos de motivación e incentivos se dedican a boicotear el proceso enseñanza-aprendizaje de profesores y compañeros; por tanto, no tiene nada de malo, sino todo lo contrario, el ofrecerles otras alternativas adaptadas a sus posibilidades…
Así pues, la LOMCE expone las siguientes vías para facilitar el progreso de los alumnos, una vez que se haya demostrado que por el itinerario ordinario no pueden avanzar:
Primera.- Los Programas de mejora del aprendizaje y el rendimiento en el primer ciclo. Destinados a alumnos que, habiendo repetido al menos un curso en cualquier etapa y cursado el primer año de ESO,  no estén en condiciones de promocionar al segundo curso; o que habiendo cursado el segundo curso no muestren condiciones para pasar a tercero. A estos programas están destinados alumnos con considerables problemas de aprendizaje.
Segunda.- Se establece el Ciclo de Formación Profesional Básica (FPB)  a partir de los 15 años y sin superar los 17, habiendo pasado por el primer Ciclo de ESO y excepcionalmente por el segundo curso. Desaparecen los Programas  PCPI y los  PDC.
Tercera.- Las asignaturas optativas del tercer curso predeterminan la orientación hacia la Formación Profesional o el Bachillerato. Prácticamente el cuarto curso se convierte en educación postobligatoria.
De la lectura atenta de la Ley se deduce, visto el sistema de evaluación y las cláusulas exigidas para pasar de un Programa a otro o de un Ciclo a otro ─asunto al que dedicaremos comentario aparte─, que el Partido Popular ha decidido separar cuanto antes a los alumnos que demuestran capacidad académica de aquellos que por sus limitaciones “intelectuales” sólo pueden conseguir algún éxito en la Formación Profesional.
Esta operación de desvío precoz de alumnos se fundamenta en primer lugar en la coartada de la baja  tasa de titulación en Secundaria de personas entre 25-34 años, que es del 65% frente al 82%, el promedio de la OCDE (indicadores del 2012). Y también en la extendida ingobernabilidad de las aulas donde al lado de alumnos que, por ejemplo, se manejan bien con las operaciones con números combinatorios hay otros que apenas dominan las cuatro reglas de la aritmética. Pero por debajo de estos datos fácticos existe una ideología sobre la igualdad/desigualdad del hombre que es preciso desenmascarar.
En la tradición del pensamiento conservador está la idea, la convicción profunda, de que el hombre es desigual por naturaleza, por herencia, de forma innata. Más allá de lo que, en los planos religioso y político, se dice en la Biblia de los cristianos (“todos somos iguales, criados a imagen y semejanza de Dios”) o en la Declaración de Independencia de EEUU (“todos los hombres fueron criados iguales”), lo cierto es que desde la sociedad esclavista de Aristóteles  (cada hombre ocupa el lugar y la función social que a su naturaleza corresponde), pasando por Gobineau, que consideraba a amarillos y negros “variaciones inferiores de nuestra especie,” y otros innumerables biólogos, psicólogos y antropólogos de los tiempos modernos, hay una asentada doctrina sobre el carácter hereditario de la inteligencia o los talentos. Sin ir más lejos en un artículo reciente tuve ocasión de traer a colación las tesis del señor Rajoy, Presidente del Gobierno, vertidas en escritos de los años 80 del siglo pasado en El Faro de Vigo… Rozaban el racismo.
La cuestión, sin embargo, no es pacífica. Desde una perspectiva política, J.J. Rousseau en su ‘Discurso sobre el origen y fundamentos de la desigualdad entre los hombres’ sostuvo que la desigualdad comenzó en el momento mismo en tuvo lugar la primera ayuda mutua entre los hombres, tesis curiosa que ayuda poco a nuestro propósito, que no es otro que averiguar el tipo de diferencias humanas determinantes en la necesidad de separar a los escolares en programas diferentes a la temprana edad de 13 años.
En oposición al pensamiento conservador, se alza la idea progresista de que no es tan fácil distinguir entre lo hereditario y lo que es fruto del ambiente. Se reconocen diferencias biológicas, fisiológicas y temperamentales de origen genético, pero al mismo tiempo se tiene comprobado que los estímulos ambientales modifican los comportamientos de los individuos radicalmente. Las diferencias individuales no son, pues, alternativamente fruto de la herencia o del ambiente, sino de la interacción de ambos polos.
Pero la cuestión sigue en pie: ¿Las diferencias académicas reales, sea cual fuere su origen, entre los alumnos más dotados y los menos dotados son tales como para hacer imprescindible la segregación de los segundos del programa común, aquél que implica los conocimientos y competencias básicos para todo ciudadano? ¿Es porque un 30% de escolares de Secundaria básica no tienen inteligencia suficiente? Pero, ¿qué es la inteligencia?, ¿capacidad de adaptación?, ¿capacidad de abstracción?  Binet dijo al fin: inteligencia es lo que miden los tests de inteligencia. Curiosa definición, que rompiendo la primera norma de la lógica de las definiciones, nos pone en la pista, sin embargo, de la falacia del concepto de inteligencia manejado en la academia. Como escribe Michel Tort, “una vez definida la inteligencia por referencia a su marco real de ejercicio, se desprende un importante corolario: la inteligencia no es una propiedad invariable del individuo. El mismo individuo, según los medios sociales en los que funciona, puede muy bien ser intelectualmente productivo e intelectualmente estéril, superdotado y débil mental”.
Como han puesto de manifiesto no sólo los estudios de la sociología de tradición marxista (Baudelot y Establet, Bourdieau y Passeron y el mismo Tort), sino también  la simple observación empírica de los profesores, la inteligencia de los alumnos en la escuela está determinada por el origen social y más específicamente por el nivel cultural de los padres. Dicho de otro modo: los alumnos de clases sociales desfavorecidas arrastran en el momento de ingresar en la escuela deficiencias lingüísticas, actitudinales y de expectativas respecto al tipo de “inteligencia” o “instrumento” para el trabajo exigido. Es necesario un tiempo suficiente para que estas primeras dificultades sean compensadas y superadas antes de que los sujetos ingresen en los callejones sin salida de una prematura Formación Profesional, diseñada para minusdotados y sin posibilidad alguna de conectar con el dinamismo y elasticidad del mundo laboral de después de la Segunda Revolución Industrial.
¿Qué hacer? Porque los hechos son los hechos: demasiados alumnos llegan a la ESO sin capacidad para transitarla por el itinerario común. Así las cosas, el Partido Popular intenta resolver el problema separando a los alumnos cuanto antes y reproduciendo el sistema de clases mecánicamente, y el Partido Socialista fidelizado a sus principios de educación común hasta los 16 años. La  LOGSE, la LOCE, la LOE y ahora la LOMCE no son más que picas en Flandes sin vencedores ni vencidos de una batalla interminable.
Mientras en un posterior escrito avanzamos en las causas y posibles soluciones del problema, quedémonos con esta optimista cita del Discurso de Rousseau más arriba mencionado: “Cualquiera que sea la inclinación que se tenga hacia el vicio, es difícil que una educación donde se mezcle el corazón quede perdida para siempre”.

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