lunes, 5 de octubre de 2015

¿ES GOBERNABLE LA EDUCACIÓN EN ESPAÑA? (IX)

Por mucho que se repita que el profesorado constituye el factor fundamental en la educación institucional no será suficiente, más allá de la retórica, mientras los futuros maestros y profesores de secundaria no se extraigan entre los mejores bachilleres, la formación inicial no se base en Planes de Estudio sólidos y consistentes, el ingreso en los cuerpos docentes no se produzca a través de procedimientos racionales y objetivos, el perfeccionamiento en ejercicio no se desburocratice y, en fin, el régimen jurídico docente no pivote sobre el principio de que el colectivo docente, por muy numeroso y potente que sea, debe subordinarse a la finalidad del sistema, que es una educación de calidad. Y no a la inversa.
Cualquier reforma escolar que no comience por afrontar la cuestión del profesorado está abocada al fracaso, malbaratándose los recursos utilizados. Las revisiones curriculares, la actualización de contenidos, métodos y criterios de evaluación, las propuestas organizativas más participativas, las innovaciones pedagógicas más audaces, la disposición de las tecnologías más punteras, la mejora de los edificios y del aparataje informático e, incluso, el incremento de las dotaciones financieras (y no digamos nada de la adulación ladina de los poderes públicos hacia los profesores)... de nada o de muy poco servirán si no se reforma la formación y la selección de los docentes de las escuelas e institutos. Es el ojo, la mente incisiva o roma del maestro la que hace brillar o ensombrece, afila o mella el espíritu del alumno y la que vivifica y potencia al resto de los elementos del sistema.
Por tanto, no se reforme nada en educación que no comience por el profesorado,  postulado éste que viene a secundar  aquél otro que ya enunciamos en anterior escrito: prescíndase de toda reforma global que no cuente con el acuerdo de las fuerzas politicas mayoritarias.
Hemos repasado toda la historia de la formación de los profesores y analizado los distintos Planes de Estudio, a partir de la primera Escuela Normal, la de Pablo Montesino, de 1839; la Escuela Normal Central surgida de la Ley Moyano, de 1857 y la integración de las Normales en los Institutos de Enseñanza Media. Nos hemos detenido con placer en el célebre Plan Profesional de 1931, de la II República. Nos hemos deprimido con la vuelta en 1939 a la caverna del Plan de 1914 y hemos vivido en directo (y en algún caso sufrido personalmente) la miseria de los Planes de 1945 y 1950  y la lenta recuperación de los Planes de 1967, 1971, 1992 y 1996, hasta el actual Plan perfilado en el Espacio Común Europeo de Estudios Superiores. Y hemos concluido lo que sigue:
Primero.- A las Facultades de Magisterio deben ir los mejores expedientes del Bachillerato, de forma similar a lo que ha sucedido en Medicina, donde los mejores alumnos han hecho la mejor Sanidad. Esta es una verdad apodíctica.
Segundo.- La formación científico-cultural del Bachillerato es insuficiente. Para enseñar hay que saber mucho de aquello que se enseña. La polémica entre contenidos científicos y saberes didácticos casi siempre es falaz. Normalmente de la abundancia del corazón habla la boca y un saber profundo de la matemática se comunica con facilidad, mientras que mal puede transmitirse lo que solo superficialmente se conoce. Por tanto, el Grado de Magisterio habría de incluir 1/3 de horas lectivas para la formación científica (Letras y Ciencias por igual).
Tercero.- Después del Grado, sería imprescindible crear una especie de ‘MIR’ para profesores, con un proceso selectivo rápido y objetivo para cubrir las plazas que las Administraciones Educativas ofertasen en función de las necesidades del sistema: un primer examen tipo test de cuestiones cognitivas de respuesta inequívoca y un año de desempeño de un aula bajo la guía de un tutor titularizado al efecto y gratificado por su cargo.
Cuarto.- El ingreso en el Cuerpo docente del Magisterio se determinaría por las notas medias obtenidas durante los estudios de Grado, el examen de ingreso en el ‘MIR’ y la nota  otorgada por la Comisión de evaluación ad hoc.
En relación con el régimen jurídico del maestro ya en ejercicio, cabe formular algunas indicaciones operativas, dada la imposibilidad de abordar el tema en sus múltiples implicaciones. En primer término, hay que modificar toda disposición que impida la constitución de equipos docentes estables: concursos de traslados permanentes, engrosamiento de una masa de interinos con ‘derecho de permanencia’, falta de autonomía de los centros para seleccionar parte de su plantilla (con todas las garantías de objetividad que se quiera), rigidices de la Administración para reorganizar sus efectivos en función de las necesidades, unidimensionalidad funcional de las especializaciones, etc. En segundo término, debe afrontarse la tarea pendiente de la evaluación del profesorado (el que lo mismo ocurre con el resto de los funcionarios no es excusa). No puede ser que un profesor, una profesora, culmine 40 o 50 años de vida profesional sin que en su hoja de servicios exista la más somera anotación de cómo ha hecho su trabajo. Esta situación beneficia y cubre a los mediocres y a los que construyeron en sus clases un monumento al tedio y la ineficacia, pero resulta lacerante e injusta para magníficos, excelentes profesores que hicieron de la ley de la maestría su quehacer diario.
Los profesores de Secundaria merecen una consideración aparte, si bien los principios generales planteados para el Magisterio les son aplicables. Obtenido el Grado, los aspirantes a  profesar en las Enseñanzas Secundarias habrían de superar un examen del mismo perfil que los maestros para acceder al ‘MIR’ de Secundaria (Máster, en la actual terminología), que duraría dos años, uno dedicado a los saberes psicopedagógicos y otro al desempeño de un aula, bajo la dirección de un tutor.
En fin, la buena gobernanza de la educación exige enfrentarse con la cuestión de los profesores, que no está resuelta ni mucho menos en la matriz de Europa. La escuela pública está en juego. Todos los funcionarios docentes la quieren y sus representantes todo lo que dicen es a favor de ella, mas la sospecha de que la escuela pública sea solo de los profesores persiste.

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