jueves, 7 de noviembre de 2013

EL ENGAÑOSO CASO DEL MINISTRO WERT



  
El juego de la política exige la personalización. Las controversias, los enfrentamientos ideológicos no se producen en el vacío, necesitan encarnarse en personas a las que responsabilizar de las acciones, sobre todo de los errores. Véase, si no, la última metedura de pata del ya tristemente famoso ministro de educación: se ceba en él toda la ira de los estudiantes del programa Erasmus, los ataques de la oposición que unánimemente piden su dimisión y el reproche general. Hasta, se dice, sus propios compañeros del partido lo han dejado a los pies de los caballos, hartos ya de tantas pifias y dislates.
Los hechos, sin embargo, al margen de la representación política, se empeñan en ser de otra manera. Ante el escándalo de la retirada de fondos a los estudiantes del Erasmus, que haya sido el ministro el que a iniciativa propia acudiera a la Moncloa a pedir árnica presupuestaria o que fuese el Presidente del gobierno quien le instase a desdecirse de lo ya hecho firme en el Boletín Oficial es algo de poca trascendencia. Al fin y al cabo los recortes presupuestarios en educación no son cosa del señor Wert, sino del gobierno colegiado que preside el señor Rajoy. ¿Alguien cree de veras que los conmilitones del PP están en contra de la política educativa del ministro?
¿Acaso la LOMCE es una ley que se le ha ocurrido al señor Wert en un sueño adolescente y que, sólo ante el peligro, crecido, enardecido por efecto de la crítica de toda la comunidad educativa, la ha sacado adelante sin la connivencia de todo el partido popular? Todos los elementos de la contrarreforma de la ley del PP corresponden con las posiciones ideológicas de la derecha española más ultramontana desde los ilustrados hasta hoy: privatización, enseñanzas medias seleccionadoras del alumnado de cara a la Universidad y no ampliadoras de los estudios primarios para toda la población y, por medio, siempre la Iglesia a su servicio, exigiendo su derecho a inspeccionar todos los centros, como en la Ley Moyano en base al Concordato de 1851, o como hoy, haciendo valer los Acuerdos de 1979 para imponer su presencia en las instituciones educativas. No es la educación para la derecha actual el único camino para que los hombres puedan ser libres como querían los liberales progresistas del siglo XIX, sino un instrumento para la selección y la clasificación de los individuos de acuerdo a las necesidades del aparato productivo.
Con el señor Wert o sin él la ley educativa del PP quedará ahí, a no ser que en las próximas elecciones el poder cambie de manos…, lo cual tampoco debe confiarnos demasiado, pues, si bien todos los partidos parlamentarios (lo de UPyD es caso aparte) están en contra, no todos lo están por los mismos motivos; a los convergentes catalanes les importa la recentralización, pero al PSOE le afecta más el sentido clasista de la ley, por poner un ejemplo.
Fuera de la simbología de la representación que es la política, no entiendo cómo la oposición se distrae pidiendo la dimisión del ministro Wert por aplicar un recorte impuesto por el programa de reducciones del gasto en educación propugnado por el gobierno del señor Rajoy. La LOMCE, que sólo por mor de la personalización, podemos llamar Ley Wert, es lo que importa; herencia envenenada que llegará a los centros añadiendo confusión al desconcierto existente, caos al caos. Seguramente todo calculado para que quien pueda se busque la vida en la escuela privada y quien no pueda… Quien no pueda qué nos importa.

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